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viernes, 20 de mayo de 2011

Violencia en el noviazgo

El noviazgo nos remite a la idea de que es la etapa donde todas las parejas únicamente viven dicha y felicidad, es decir se trata de un periodo de enamoramiento y satisfacción, por lo que las conductas violentas suelen pasar inadvertidas.
De un momento a otro las personas se encuentran involucradas emocionalmente. La idea es que sean  felices mientras dure esa relación, sin embargo, también en el noviazgo puede existir la violencia.
Cuando se habla de violencia de pareja, casi siempre se piensa en un matrimonio que convive cotidianamente; desafortunadamente, la violencia también existe en las relaciones de noviazgo y puede ocurrir en la primera cita o varios meses o años después y ser el inicio de una vida en pareja marcada por el maltrato.
La mayoría de las veces la conducta violenta es ejercida por un hombre hacia una mujer es difícil que quien la padece o la ejerce la perciba debido a que se confunde con una expresión de interés y amor; entre las que destacan son: el control de las actividades del otro, los celos, las exigencias, las amenazas, la prohibición de actividades, la vigilancia sobre la forma de vestir, el obligar a la pareja a tener relaciones sexuales, el inducirla al consumo de drogas y los golpes o empujones.
La violencia en el noviazgo se encubre y justifica con afirmaciones tales como: “es posesivo porque te quiere”, “no te controla, te cuida”, “no es celoso, teme perderte”, “si nos casamos cambiará”, “los hombres son violentos por naturaleza”, “le pegó porque estaba borracho”; en una relación de noviazgo entre adolescentes, suele pensarse que “es cosa de la edad”.
Es importante dejar claro que nada justifica la violencia, en ninguna circunstancia; el amor no debe estar asociado con el sufrimiento. Pensar que con el tiempo el agresor cambiará es falso, nadie cambia a petición o por necesidad ajena.
Los celos son un problema de quien los padece; no se trata de una “falla” de la pareja, no es válido que “jugando” haya bofetadas disfrazadas de caricias o que en lugar de un abrazo se dé un jalón, esas conductas manifiestan violencia.
Se debe estar alerta a diversas señales que pueden evidenciar si la pareja es una persona violenta; por ejemplo, provenir de una familia donde los hombres son considerados superiores a las mujeres, conductas posesivas que obligan al abandono de amigos o familiares, celos enfermizos, prohibiciones en la forma de vestir, caminar, hablar, arreglarse, la crítica frecuente a la familia y amistades, la prohibición a estudiar o trabajar.
Cuando alguien se encuentra en una relación de noviazgo violento debe de tomar medidas de protección inmediatas; por ejemplo, pedir ayuda a su familia, profesores, amistades o solicitar apoyo profesional. No debe aceptar romper relaciones de amistad, condicionamientos de ningún tipo, no permitir el abuso físico, emocional, sexual o económico; las consecuencias de un noviazgo marcado por la violencia pueden ser sufrimiento, depresión, fracaso escolar, aislamiento y establecer relaciones violentas en la edad adulta.

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